Hola querido lector o lectora, dependiendo de con qué te identifiques, no hay etiquetas aquí, aún no te conozco pero tú estás a punto de conocer sobre mi, todo sobre mi.
Mi nombre es Alejandro y nací hace 2200 años en una época en la que ese nombre era muy común, los humanos no hemos cambiado mucho en cuanto a elegir nombres para nuestros hijos, te estarás preguntando cómo es que he vivido tanto tiempo, bueno es muy sencillo, soy un vampiro, o al menos lo fui hasta el año 2014 en el que decidí por voluntad propia convertirme en humano, todo ha cambiado significativamente desde que cambié la sangre por la comida balanceada, mi vida no habría sido más importante que la de cualquier vampiro si no fuera por todo lo que esa decisión me causó y sobre todo por el temor, el miedo y lo amenazada que siento mi vida.
No no voy a aburrirte con historias sobre mi niñez o sobre cómo me convertí en vampiro, eso no es necesario, luego de 2000 años la memoria no te funciona tan bien como a los 500, podría decirte que una noche a mis 22 años un alto y delgado vampiro me secuestro y me convirtió en su castillo o que mi humana madre se enamoró del príncipe de las tinieblas y de su amor nací yo pero te podría estar confundiendo con cualquier otro chupasangre.
No, eso dejémoslo para después.
La cuestión es que en verdad tenía 24 años o esa es la edad que aparentaba tener al dejar de ser vampiro. Me sometí a un innovador programa del doctor Kevin Romero en el que prometían modificar mi ADN para después de una “muerte lenta” dejar mi dominio de las sombras y volver al reino de los humanos. El proceso fue terrible, nunca me habían pinchado tanto la piel, ni siquiera en las fiestas mas hardcore a las que pude haber asistido. Fueron semanas sino meses las que pasé en el quirófano, en cuidados intensivos, en rehabilitación, en abstinencia pero por fin fui dado de alta y pude volver a mi trabajo, porque si, los vampiros tenemos trabajos, no crean que todos nacimos en buena cuna o matamos para vivir, uno no necesita mucha sangre para subsistir, pero te puedes llegar a aburrir. Entonces decidí enseñar inglés y francés en institutos de idiomas, era perfecto, entraba apenas oscurecía y salía poco antes de la medianoche.
Desgraciadamente cuando quise volver luego de la transformación ya no me pudieron dar el mismo horario al cual como vampiro estaba acostumbrado pero creo que fue un buen momento para aprovechar la luz del sol, la cual tanto extrañaba y tanto temía.
Los primeros meses fue todo perfecto, mi piel comenzaba a tomar color, aún tenía que usar lentes oscuros pero sobre todo era muy agradable poder ver al mundo a luz natural, uno como vampiro puede llegar a ganarse muchos enemigos y tienes que estar viajando constantemente para evadir problemas, sobre todo con los jóvenes que quieren llegar al poder luego de una noche de sangre etílica la cual terminaba en transformaciones innecesarias o calcinados de primera hora. Todos estos líos me llevaron a Perú, precisamente a la ciudad de Abancay provincia de la región Apurímac muy cerca a Cuzco y a demas provincias importantes del país, tienen que entender que como vampiro uno llega a ser fluido en varios idiomas, la gente aquí cree que soy español o que he vivido suficiente tiempo ahí como para adoptar el dejo,pero finalmente no hay vampiro tan viejo como yo que de verdad tenga un dejo significativo, legalmente soy Peruano, no es difícil sacar un DNI aquí mucho menos para un hijo de la noche. Pero volviendo al tema, volver a ser humano fue muy difícil, aún creo que lo es, la sed de sangre está ahí, pero sí por alguna razón me corto con papel y chupo mi sangre para evitar el sangrado me produce una gran repulsión y no la tolero más. Mi dealer no entendía porque ya no le pedía sangre, el pobre venía manejando 3 o 4 horas desde cuzco para llenar mi refrigerador, y cuando por fin llegó a contactarme luego de mi recuperación pensó que había cambiado de proveedor, verán en Cusco hay cientos de vampiros y demás criaturas, es una ciudad llena de variedad, belleza, y… sangre. Estoy seguro de que Godofredo encontrará mejores clientes en Cusco. Abancay para ser sinceros no tiene muchos vampiros en verdad no conozco a ninguno que no se haya quedado una o dos noches por aquí sin aburrirse rápidamente e irse a Cusco, es normal y es genial pues eso me daba un poco más de libertad.
Arreglado el asunto del dealer era hora de llenar el refrigerador de otras cosas más comunes, trabajar como docente no te hace millonario en esta parte del mundo pero como vampiro uno en verdad no gastaba mucho, alquiler, servicios básicos, internet, sangre y tinta para impresora eran mis gastos más comunes. Ahora tenía que agregarle la comida. Me compré un recetario y cada semana compraba lo suficiente en el mercado como para aprender a cocinar 4 o 5 platos, debo decir que se me dió muy bien la comida peruana, es la única que había probado en cientos de años asique para comenzar no estuvo mal. Todo habría estado genial si no fuera por ciertos lunares que me habían salido en la espalda por los cuales intenté comunicarme con el doctor Romero en Cusco. Insistí mucho pero no pude lograr obtener una cita, y según doctores humanos se trataba de un cáncer benigno producto de mi alergia al sol. Estoy casi seguro de que soy el primer ex vampiro y es posible que al dejar de ser uno de ellos , los demás hayan decidido dejarme en el olvido o declararme ceniza (muerto para el mundo de las sombras). Lo entendería perfectamente viniendo de un vampiro ¡¿pero de un doctor?! No hay forma. Tiene que ser una broma.
Luego de unos días viajé a Cusco a buscar al doc pero no lo encontré su oficina era ahora un consultorio dental muy parecido al que fui en la Av la Cultura para removerme los colmillos. Si, el proceso de humanización no cubría el cambio de dentadura.
Todo era muy extraño, había lugares a los que no podía ir, gente que me creía más muerto que de costumbre con la que ya no me podía comunicar no tenía a quién acudir. La sed de sangre seguía ahí como la sed de leche que tienen los intolerantes a la lactosa.
Y no, no es la intolerancia a la lactosa la que pone mi vida en riesgo, sentía que en cualquier momento debido a la abstinencia atacaría a alguien, sería detenido y juzgado como un simple mortal (sin ofender) y moriría en una prisión, no es lo que quiero pero que tipo de psiquiatra querría atender a un ex vampiro con delirios post traumáticos? Si solamente siendo vampiro era difícil conseguir ayuda profesional. No es que la haya necesitado tampoco.
Se que soy el primero y se que no seré el único que renuncia a la inmortalidad pero habría sido genial haber tenido algún tipo de guía para afrontar todos estos efectos secundarios. Por alguna razón creí que esa guía sería Adela mi ex pareja humana con la que había estado saliendo unos meses antes de mi transformación. Desgraciadamente cuando le confesé mi condición chupasangre creyó que estaba loco y me dejó, Adela también era docente pero ella trabajaba en un colegio por la mañana, al menos teníamos de que conversar y no le parecía raro no vernos de día. Una vez terminado el proceso Adela desapareció posiblemente consiguió trabajo en algún otro lado o eso creí, hasta que una noche saliendo del Irish bar (un bar donde solo servían cerveza artesanal) casi a las 3 AM, decidí tomar una ruta alterna hasta mi departamento y caminé cerca al río escuchado música en los audífonos lo más despreocupado posible hasta que perdí la razón y me desmayé.
La mañana siguiente estaba en casa, específicamente en el piso de la entrada de mi departamento, como si nada hubiera pasado, me sentía algo mareado pero para nada resaqueado. Me sentía confundido y lo primero que hice fue ir a la nevera a sacar algo de jugo de naranja, (mi reemplazo de vitamina c) la iba a tomar directamente de la botella pero decidí usar un vaso, a final de cuentas era humano y como tal no podía seguir bebiendo directamente del envase, si me dejo entender.
Pasaron semanas y deje de tomarle importancia la sed seguía ahí pero había aprendido a convivir con ella, el sol ya no afectaba mis ojos y poco a poco dejé de extrañar mi vida eterna, podría decir que la había olvidado y me sentía más humano día a día, ya no recordaba bien lo que era ser un vampiro y habían noches en las que me preguntaba a mi mismo si realmente lo había sido o sí todo había sido producto de mi imaginación. Hasta hace unas semanas en las que tocaron a mi puerta, era Adela haciendo una forzada reverencia como la que regularmente hacen los inmortales cuando quieren ingresar a un hogar humano, acabado esto me dijo: “tenías razón”.
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